Tratamientos

Al egresar de la Facultad de Medicina, llevaba conmigo un enorme bagaje de información. Desde nombres de enfermedades hasta qué procesos físico-químicos estaban involucrados en el desencadenamiento de las distintas afecciones, qué remedios dar para revertir esos procesos y en qué casos la clínica no tenía efecto y había que recurrir a la extirpación quirúrgica.
Pero nadie me habló de la cura del alma.

Cuando tuve que optar por una especialización, elegí Endocrinología. Allí aprendí que las emociones tenían mucho que ver en la iniciación de una enfermedad. Durante el interrogatorio de los pacientes con trastornos de tiroides, nos enseñaban que siempre había que hacer una pregunta de rigor: "¿Ha tenido algún conflicto emocional que Ud. pudiera relacionar con el inicio de su problema?". En más del 90% de los casos, la contestación era "sí". Entonces había dos caminos a seguir: darle solamente el tratamiento endócrino adecuado al caso, o darle el tratamiento e indicarle una psicoterapia o un psiquiatra para que lo medique con psicotrópicos (todo dependía del grado de apertura mental del profesional).

En mi caso esto no me conformaba completamente. Me preguntaba si habría alguna medicina que pudiera mejorar el estado emocional del paciente de forma natural, dado que desde la pregunta que formulaba, estaba presuponiendo que la enfermedad se iniciaba en esa esfera. El origen del padecimiento no estaba en lo físico, había que indagar algo más profundo, algo emocional, causante de la patología física que entonces era una consecuencia de la prima causa.

Por eso, gracias a la Endocrinología, llegué a la Homeopatía Unicista, que dio respuesta a mis interrogantes. Antes de conocerla, sólo podía escuchar la problemática subyacente a esa disfunción tiroidea y nada más. Nada podía hacer al respecto.
Ahora cuento con una medicina que va a lo profundo del padecimiento humano y apunta más al ideal de curación. Y digo que apunta más al ideal de curación, puesto que cuando la enfermedad física tiene posibilidad de revertir totalmente, la Homeopatía Unicista actúa maravillosamente empezando por la sanación anímica y prosiguiendo con la curación física.

Pero hay casos donde la impronta en el organismo es tan profunda y el o los órganos afectados están tan debilitados, que es imposible una reversión total en el aspecto físico. No obstante siempre hay una mejoría anímica-espiritual que previene o atenúa futuras enfermedades orgánicas.

La Homeopatía tiene los mismos alcances terapéuticos que la medicina convencional pero no tiene médicos especialistas, porque su abordaje es diferente: no parcializa al paciente, sino que lo ve como un todo.
No tiene un remedio para la úlcera, otro para el enfisema u otro para las cefaleas crónicas, porque cada una de estas afecciones tiene un origen común: el desequilibrio del principio vital y debemos tomarlas como palabras que conforman el lenguaje con el que se expresa una totalidad inseparable mente-cuerpo. Es el médico de cabecera, aquel conoce a su paciente, quien debe desentrañar ese código y dar el tratamiento adecuado.

Para graficar con un ejemplo, hay quienes suprimen su rinitis alérgica con antialérgicos y corticoides, pero al tiempo comienzan con una sinusitis o un asma bronquial, además de exponerse a sufrir los efectos adversos del tratamiento.
Ese paciente definitivamente nunca se curó. La fuerza vital seguirá gritando su desequilibrio mediante diversas patologías, hasta que un remedio natural, diluido, dinamizado y prescripto en forma individual, le devuelva la armonía interna. Esas características solamente las tiene el remedio homeopático.

Además, basta hacer una simple auto-observación para darnos cuenta que todo comienza a manifestarse primero en la esfera mental. Es cuando consultamos porque no nos sentimos bien, pero todavía no tenemos ninguna enfermedad física. El médico homeópata sabe que es el momento ideal para evitar complicaciones orgánicas, dado que si ese malestar general prosigue, es muy posible que se desencadene una patología.

Por eso el tratamiento que se imparte debe tomar en cuenta todas y cada una de las afecciones que presenta el paciente y también lo que lo individualiza como persona (su carácter, su forma de reaccionar, sus gustos alimentarios, etc.).
Aún en los casos en que no hay reversión o curación completa de la enfermedad física, la sensación de bienestar y los cambios que se producen en el comportamiento, generan frases como éstas: "Volví a ser yo mismo", "Me siento plena", "Todos se dan cuenta de mi bienestar". "Estoy encontrándome con mi ser interior".

Y esto no sólo lo aprendí de nuestro maestro, el Dr. Hahnemann, sino que lo corroboro día a día en mí misma y en la práctica clínica al ver los resultados de esta medicina que alivia nuestras vidas y la de nuestros pacientes.

Dra. Silvia C. Mercado
Homeópata Unicista M.N.: 57.363
Matrícula del Colegio de Médicos Homeópatas M.C.M.H.: AM-027