Artículos » La Patrona de la Medicina Natural: Santa Hildegarda

La historia comienza un día en que una de mis queridas pacientes que veo desde hace tantos años, Rita, me llamó para solicitar una entrevista y, como quien no quiere la cosa, me pregunta: “¿Sabe doctora que hay una santa de la Homeopatía? Se llama Santa Hildegarda y me enteré porque el sacerdote de mi parroquia últimamente nos ha hablado de ella, debido a que la van a nombrar Doctora de la Iglesia.”

Por supuesto que inmediatamente comencé a indagar este asunto y he aquí la biografía de esta alemana que vivió en el siglo XII, en plena Edad Media.

 

Santa Hildegarda de Bingen

Nació el 16 de septiembre de 1098 en Bermershein, Alemania y murió casi exactamente 81 años después, el 17 de septiembre de 1179, en el monasterio de Ruperstberg, en Bingen, fundado por ella misma.

Fue la menor de diez hermanos, por lo que sus padres consideraron que era el diezmo para Dios. Así fue que siendo muy pequeña ingresó a un convento benedictino; tenía tan sólo ocho años. Pero desde los tres venía teniendo visiones que la hacían estremecer. Fue ya de adulta que se atreve a plasmar sus experiencias en un libro, guiada por lo que ella refiere como un mandato sobrenatural.

Toda su vida clerical la transcurre en la orden benedictina, fundada por San Benito, única hermandad monástica en Occidente hasta fines del siglo XI, cuyo principio fundamental es: Oración y Trabajo. La vida contemplativa y las labores manuales (arte, cultivo de la tierra), o intelectuales (investigación y escritura), son los quehaceres de la cofradía.

Así, en un ambiente disciplinado y austero, supo moldear su carácter. Llega a ser abadesa del convento Disibodenberg y funda dos más, el de San Ruperto o Ruperstberg, lugar en donde estuvo hasta su partida final y más tarde, Eibingen.

Mientras todo esto ocurría, escribió “Scivias” (Conoce los caminos), el libro donde relata sus revelaciones. Fue tan famosa por sus visiones y predicciones, que la gente concurría a verla desde varias partes de Europa para escuchar sus consejos. Se la conocía como la “profetisa teutónica”. Muchas celebridades de la época la consultaban.

Sin embargo, esta situación lejos de conformarla, la confundía y sintió la necesidad de obtener el visto bueno del Papa Eugenio III, quien consideró que esos dones eran verdaderos y estaban concedidos por el Espíritu Santo.

Además de Scivias, escribió Physical (donde describe la utilidad que tienen para el hombre las cosas que lo rodean: plantas, animales, minerales),  Causae et Curae (“Causas y curas de las enfermedades”), una colección de cantos: Symphonia armonie celestium revelationum (“Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestes”), Liber vital meritorum (“Libro de los méritos de la vida”, donde expone cómo adquirir merecimientos para evitar castigos futuros) y Liber divinorum operum (“Libro de las obras divinas”, fruto de sus profecías).

Fue la primera mujer en escribir sobre medicina. Causae et Curae la consagra como “Patrona de la Medicina Natural”, dado que allí vierte conceptos holísticos sobre la salud y aconseja remedios caseros para ciertas dolencias. Algunos de ellos son:

Remedio natural para la afonía o pérdida de la voz (cocer 3 cucharaditas de gordolobo y 3 cucharadas de hinojo durante 5 minutos.  Después, colar a través de un paño y agregar a 250 ml de vino.  Preparar el cocimiento por la mañana y tomarlo repartido a lo largo del día); Remedio natural para la caspa (hacer ceniza de la corteza y de las hojas del árbol del ciruelo, y de la ceniza preparar una solución con agua.  Lavar a menudo la cabeza con esta solución); Remedio natural para el dolor de cabeza nº1 (tomar incienso y pulverizarlo.  Agregar algo de harina fina y también clara de huevo, y hacer así dos tortitas y dejarlas secar al sol o sobre un ladrillo caliente. Las tortitas sólo se deben secar, en ningún caso cocer.  Colocar una de estas tortitas en cada sien por unos 10 minutos).

Consideraba que la enfermedad podía tener un origen espiritual y que el espíritu también sanaba al cuerpo, siempre con la anuencia de Dios.

Veía en la Naturaleza los remedios que el ser humano necesitaba para ayudar a su curación. Cultivaba su propio huerto y sabía de las cualidades medicamentosas de cada planta. Lectora de los grandes filósofos de la antigüedad y de los médicos más destacados hasta entonces (Hipócrates, Galeno, Dioscórides y Averroes), supo congeniar fe y razón, precediendo, en este aspecto, a Santo Tomás de Aquino, también nombrado Doctor de la Iglesia en 1567.

 

Canonización y Doctora de la Iglesia

Si bien el proceso de canonización comenzó en 1227, recién el 10 de mayo de este año el papa Benedicto XVI la canonizó de facto, inscribiéndola en el catálogo de los santos. No obstante, desde 1940 se venía celebrando su día cada 17 de septiembre, fecha de su fallecimiento.

Sus restos descansan en la iglesia parroquial de Santa Hildegarda y San Juan el Bautista, en Eibingen.

Juan Pablo II se refirió a ella como profetisa y santa y el actual papa anunció su decisión de otorgarle, en breve, el título de “Doctora de la Iglesia”.

Su vida inspiró a la cineasta alemana Margarethe von Trotta, quien en 2009 estrenó el largometraje “Visión: vida de Santa Hildegarda von Bingen”, donde se muestra como una mujer fuerte y decidida, luchando por los ideales que la impulsaban, inmersa en una época donde el poder lo detentaba el hombre. Sufrió agravios y denuestos, alejamientos, muertes y decepciones. Nada la hizo caer.

En la actualidad, hay multitud de foros hildegardianos. Se llevan a cabo conferencias, seminarios y jornadas de estudio acerca de su obra.

Fue una mujer medieval con coraje y con pensamiento propio, que sobresalió por sus muchos dones y su erudición. Fue religiosa, pintora, música, escritora y prontamente será una reconocida colega de nuestro arte médico.

Por todo esto, vaya hacia la Patrona de la Medicina Natural, mi humilde homenaje.